A mi llegada a Buenos Aires, y ante el Río de la Plata, el conductor del taxi que me trasladaba desde el Aeropuerto de Ezeiza al de Jorge Neuwery, nos hizo a mi perrita Suska y a mí, la foto de la cabecera del blog.
Sería la primera de una larga serie que tomé durante mi estancia en Argentina; en Córdoba concretamente.
Desde allí me trasladé a varios pueblos de la provincia, como de nuevo, en otra ocasión, a Buenos Aires, como muestra esta de aquí tomada en la Avenida 9 de julio: el obelisco emblemático de la ciudad.
Estuvimos por las sierras chicas de Córdoba, en una cabaña -casa de campo o de montaña- en Villa Giardino, en dos ocasiones, disfrutando del ambiente rural y de lindos atardeceres observados desde la terraza. Allí degusté por primer vez la típica cerveza nacional, la Quilmes.
También estuvimos por las Altas Cumbres, teniendo la gran dicha de ver a más de un cóndor, aunque no pude fotografiarlos, en el pueblo de Mina Clavero, en la zona que denominan los argentinos como tras las sierras.
Estuvimos en La Falda, un pueblo de las Sierras de Córdoba y en algún otro pueblo más también que visitamos en taxi, contratado a precio cerrado, ya que desde Villa Giardino es con el único medio que se puede hacer turismo por esos pueblos, al carecer de vehículo propio.
Desde Córdoba nos trasladamos a Chile, donde estuvimos mi compañera Cris y yo una semana.
Visitamos en su capital Santiago la casa de Neruda, los cerros de San Cristóbal y Santa Lucía, donde al primero se sube en teleférico, divisando desde lo alto toda la ciudad y teniendo cerca Los Andes, desde donde venía un viento frío que cortaba; el segundo es donde se fundó la ciudad.
Callejeamos por sus calles y avenidas, estuvimos ante la catedral y otros importantes edificios que se encuentran en la misma plaza, pasando al interior del templo aprovechando que estaban abiertas sus puertas. Pasamos -y posamos- ante el Palacio de la Moneda, la universidad y otros edificio y lugares de interés.
Estuvimos en Valparaíso, en la casa de Neruda por supuesto y conociendo un poco de la población: sus ascensores en rampa, las calles empinadas, que parece imposible que puedan subirse andando, y el puerto, donde comimos de maravilla al borde del mar.
Como tomamos un tour turístico de tantos que hay en Santiago, también nos llevaron a Viña del Mar, "la ciudad jardín", haciendo un pequeño recorrido a pie por la Quinta Vergara, estando en su famoso auditorio, donde se celebra el festival internacional que lleva el nombre de la ciudad.
Pasamos también por Isla Negra, visitando otra de las casas que tuvo Pablo Neruda, esta junto al Océano Pacífico y dedicada hoy en día a museo, e hicimos un recorrido por la quinta.
De regreso para la capital paramos en Pomaire, un pueblecito típico alfarero chileno, con unos platos exquisitos para degustar, en uno de sus típicos restaurantes.